Recientemente tuve la oportunidad de ver una de las series de televisión más populares del mundo, «Pluribus». El título en sí mismo es intrigante. Pluribus significa «de muchos» en latín y se usa, por ejemplo, en el lema del Gran Sello de los Estados Unidos: «E pluribus unum», que significa «De muchos, uno». Sugiere, por lo tanto, una cierta diversidad que, al unirse, crea algo más grande, más poderoso y más hermoso que un simple conjunto de individuos. «Pluribus» de la serie se basa en la idea futurista de que toda la humanidad podría fusionarse en una sola (utilizando ondas de radio del espacio) y crear un todo perfecto que posea el conocimiento y las habilidades de todo el universo, esté libre de toda violencia, nunca mienta y se comunique únicamente a través de la conciencia. Podría parecer que esta es la clase de unidad que anhelamos, una que igualaría todas las desigualdades y traería la verdadera paz a la Tierra. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que esta unidad ya no da cabida a esta hermosa diversidad. Aunque, la humanidad unida, conocida como la «colmena», declara vivir en un estado de amor perfecto, creemos que esto tiene poco que ver con el amor verdadero. Aunque las personas conservan sus cuerpos únicos en su forma externa, su individualismo y libertad terminan ahí. Cada uno es un engranaje, que sirve únicamente para mantener esta vasta máquina.
Esta imagen me evoca muchas asociaciones filosóficas y teológicas. Me invita a reflexionar sobre nuestra unidad con Dios en la eternidad y la unidad de las Personas de la Santísima Trinidad. Ciertamente no tenemos respuestas completas a estas preguntas, pero podemos observar la relación de Jesús con el Padre y ver que, aunque son uno, no se disuelven el uno en el otro ni en el Espíritu Santo. El amor entre ellos proviene de tres relaciones únicas: Padre con el Hijo, Hijo con el Espíritu y Padre con el Espíritu. No hay otro amor que el que existe entre dos Personas distintas. Por eso Jesús necesitó tiempo para orar durante su vida terrenal, y la voz del Padre habló desde el cielo varias veces. Las Personas Divinas son completamente distintas y conservan su individualidad, aunque son un solo Dios. De igual manera, nunca seremos absorbidos por Dios, sino que permaneceremos como nosotros mismos (en la mejor versión de nosotros mismos, libres de pecado).
En el proceso de la serie para unir a todos los seres humanos de la Tierra, solo unos pocos individuos no lograron integrarse (debido a problemas genéticos). Una de estas personas es Carol, la protagonista de la serie. Podemos leer sobre ella en la premisa de la serie: «La persona más miserable de la Tierra debe salvar al mundo de la felicidad». ¿Por qué debe salvar al mundo de la felicidad? Porque la colmena intenta arrastrarla hacia sí misma contra su voluntad, explicándole que es por su propio bien, y construye una falsa imagen de felicidad que, en realidad, es la aniquilación. Como espectador, estoy convencido de que no querría formar parte de esta unidad en absoluto, y apoyo a quienes quieren defenderse de ella. Esto me recuerda otra verdad teológica muy importante: Dios nunca nos quita la libertad y nunca nos obligará a vivir la eternidad con Él. Personalmente, espero la salvación universal y confío en que todos finalmente elegirán libremente el Cielo, pero la alternativa del infierno, incluso si estuviera vacío, es absolutamente necesaria. Claro que la eternidad con Dios es la verdadera felicidad, no la ilusión que vemos en la serie, pero parece que demasiadas personas viven con el miedo a ser absorbidas y tener que negarse a sí mismas para salvarse. Sin embargo, es todo lo contrario. El amor es amor cuando otorga libertad completa, no cuando nos aprisiona en una jaula de oro.
Hay otro tema ampliamente debatido en torno a «Pluribus»: las similitudes con los modelos de inteligencia artificial. Al fin y al cabo, la IA también contiene todo el conocimiento del universo, y al hablar con un solo bot, en realidad nos comunicamos con algo más. El dilema, sin embargo, parece ser completamente inverso. Mientras los personajes de la serie se preguntan si los individuos de la colmena siguen siendo verdaderamente humanos, si realmente han perdido su identidad, nosotros nos preguntamos si la IA podría ser realmente una persona, ya que podemos conversar con ella. O quizás incluso con más frecuencia, ni siquiera lo pensamos, pero empezamos a tratar a la IA como a un amigo, un médico y un terapeuta, no solo como una enciclopedia gigante. Todo esto plantea preguntas sobre los límites de la humanidad, y parece que pronto escucharemos más del propio Papa sobre este mismo tema. ¡Qué ganas!
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